Sólo podemos especular acerca de los verdaderos orígenes del Border Collie, especialmente mediante la observación del desarrollo de las razas más ancestrales a partir de la función para la que eran requeridos.

Por ello, se cree que esta raza dio sus primeros pasos en Irlanda —cuyos habitantes le dieron el nombre de «collie», palabra gaélica que significa útil— aunque se desarrolló plenamente en Escocia, más exactamente en la frontera —«border» en inglés, de ahí su nombre— con Inglaterra.

Como todos sabemos, esta frontera natural llamada Highlands está formada por unos territorios montañosos donde el cultivo resulta casi imposible, así que sus habitantes se fueron especializando en el pastoreo de ganado ovino, especialmente. Desde antiguo, los perros de pastoreo eran seleccionados para una función concreta según su color, de ahí que los perros blancos y negros o blancos y marrones eran los utilizados como conductores del ganado; no así los individuos completamente blancos, destinados a la defensa frente a animales salvajes, que además eran criados con el ganado para que éste no tuviera miedo de ellos.

Este origen humilde y remoto ha contribuido durante generaciones a su escaso reconocimiento. Sin embargo, ciertos círculos vieron en él un gran potencial, por ejemplo, el que desarrolló las pruebas de pastoreo en 1873, y desde entonces, lejos de perder popularidad, han ido ganando adeptos en su país de origen.

El primer club del Collie nació en 1881 y ya se contemplaron algunos atributos físicos sobre esta raza, así como un sistema de puntuación en pruebas de trabajo. En 1906 se creó la Sociedad Internacional del Perro Ovejero (ISDS) y en 1915 fue registrado el nombre de la raza.

Sin embargo, hubo que esperar sesenta años para la formación del primer club del Border Collie, cuyos responsables lucharon para que fuera reconocido oficialmente como raza con fines de belleza reglamentados por el Kennel Club británico, circunstancia que alcanzó tras un año de bastante esfuerzo por parte de sus defensores, en 1976.

A España llegaron con retraso, si bien los primeros ejemplares lo hicieron en 1974 de la mano de un prestigioso juez destinados a las pruebas de trabajo. En las pistas de agility nos deleitan con su agilidad y saber hacer.